Madrid Nocturno IV

Hacía tres meses desde que lo había dejado con mi novia y seis desde que me había dejado ella a mí. De Esperanza, solo sabía que estaba haciendo un tour por Europa y que se había quedado embarazada después de darse cuatro besos en un portal con un amigo de la infancia. También me dijo Tony que, anteriormente, Esperanza había estado casada en dos ocasiones, pero que se había divorciado de sus dos maridos porque nunca había querido tener hijos.

Mi vida había entrado en un agujero oscuro del que me empezaba a resultar difícil salir. No era tanto por la gravedad de los problemas o por el número de estos, si no por la desidia que sentía cuando pensaba que algún día tendría que plantearme el buscar soluciones. Llegué a la conclusión, después de cuatro días comiendo algún resto de pizza que quedaba en la nevera y bebiendo varias botellas de vodka, que éstas no me iban a dar ninguna respuesta para cualquiera de mis dudas. En el trabajo me las había arreglado para conseguir un buen puesto y me pagan una buena suma con la condición de que nunca se me ocurriera aparecer por allí. Y yo, como siempre he querido ser un empleado ejemplar, me levanto todos los días muy temprano y lo preparo todo para no ir a trabajar.

Entre tanto, había frecuentado a un par de mujeres de éxito en lo laboral. Estaban bien posicionadas y manejaban más dinero en un mes del que yo había visto junto en los tres últimos años. Para conquistar a una mujer, solo me basta con relatarle todo lo que no tengo, para que ella caiga rendida a mis pies amando todo lo que no soy.

A Silvia la conocí en una calurosa noche de invierno. Hacía tanto calor y me agobiaba tanto la ropa que me las arreglé para ayudarle a desnudarse dentro de su dormitorio. Pero aquello nunca fue bien, no sé porqué razón, y poco después lo dejamos. Aún recuerdo la noche que nos vimos la última vez. Me dijo que, a veces, parecía que no tuviera sentimientos y que no sabía como podía vivir con un corazón tan helado; pero que realmente me dejaba porque decía que, lo que de verdad le molestaba de mí, era que siempre tenía los pies fríos.

Con Lorena fue una historia distinta. Nunca he amado a una mujer de forma tan intensa. A ella le gustaba dormir conmigo y a mí, a mí me gustaba salir de su cama cada mañana. Lorena trabajaba para una importante firma de moda y me propuso que viviéramos juntos en un ático que tenía alquilado mirando al parque del Retiro. Yo no podía soportar vivir entre tanto lujo, aunque tengo que reconocer que se planteaba ante mí una vida muy acomodada y tranquila. Después de mi negativa, Lorena volvió a Buenos Aires con su marido.

Ahora y de momento, mi vida la malgasto esperando al autobús, sabiendo que, para las mujeres, solo empiezas a ser interesante cuando ellas pueden leer en tu piel la historia de tu vida.

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