sábado, 19 de enero de 2013

Madrid Nocturno VI

Era la hora del café. La tarde del día de los Santos Inocentes; y me encontraba rogándole un pequeño préstamo a un cajero automático de la calle San Bernardo. Después de varios intentos y de que éste no escuchara mis súplicas, me escupió literalmente la tarjeta de crédito con los mismos fondos que los bolsillos rotos del mendigo que para en la calle en la que no habita ni la ausencia.

Al girarme, vi que venía hacia mí, caminando por la acera. La última vez que la había visto fue el día que la conocí, a finales de verano. Me gustó la manera en la que se las arreglaba para que su pelo se deslizara sobre sus hombros y quedara religiosa y armoniosamente colocado, justo después de haber estado jugueteando con la brisa que arreciaba del mar. Aquella melena color castaño atraía con gran maestría mi atención; toda vez que se combinaba, en extraña consonancia, con unos ojos verdes embarrados que no paraban de dejarse mirar. Apenas cruzamos un puñado de frases mal construidas aquella noche; más que nada, porque no hubo más ocasión que la que no buscamos. Nos dedicamos toda la velada a seguirnos y olernos como dos perros callejeros que, sin rumbo ni dueño, buscan desamparados una ilusión a la que aferrarse. Tardé en olvidar a Malena el mismo tiempo que estuvimos sin vernos. Sería por la forma en la que no se despidió de mí, que me dejó una angustia pasajera. Recuerdo que, al día siguiente, se iba a empezar un nuevo trabajo en alguna parte fría y recóndita de Europa. 

Cuando volví a ver aquella melena moviéndose con grácil delicadeza, me di perfecta cuenta de que mi agenda mo iba a tener ningún hueco libre aquella tarde. Ella pronto se percató de mi presencia y, sus ojos, fijos en los míos, me dijeron, con pocas palabras, todo lo que yo quería oír. Había venido a pasar las Navidades, así que dimos un paseo. Corto. Solo nos introdujimos por algunas calles estrechas y declinando la opción de tomar un café mientras charlaramos sobre lo humano y lo divino, optamos por buscar una pensión donde dormir la siesta.

Ya oscureciendo, dejamos la pensión para seguir con nuestras vidas. Tenía cosas que hacer, decía. Rollos familiares. Afortunadamente, tuvo el beneplácito de pagar ella el hospedaje. Entre lo que yo tenía en la cartera y lo que me había dejado el cajero, apenas tenía liquidez suficiente para pagar por un beso de hermano. La acompañé hasta la puerta de su casa y me dijo que me reservaría, al menos, cinco minutos para verme la próxima vez que volviera; aunque aún hoy, no sé si con la última mirada que me regaló como despedida, antes de perderme por la Gran Vía, fría y concurrida, como cualquier tarde navideña de Madrid, me estaba besando el alma o simplemente era una bofetada al corazón. Para mí, esa siesta había sido lo más cerca que había estado nunca de hacer el amor con una mujer a la que no me había dejado amar.

De camino a casa me tropecé con una ambulancia que sacaba de una vivienda a un hombre fallecido de un infarto. A los vecinos que se congregaban delante del portal, les oí decir que había muerto porque su novia le había roto el corazón. Yo siempre había planeado morir por mis propios medios y, ante la duda de que lo  sucedido aquella tarde me dejara secuelas y que, efectivamente, aquella última mirada tuviera más de bofetada que de beso de enamorados, me dirigí al aeropuerto con lo primero que encontré, que era todo lo que tenía, algún dinero que pedí prestado y cogí el primer vuelo que salía aquella noche. 
Dieciocho horas después me encontraba recogiendo las maleta en el aeropuerto de Vancouver; con algunos grados menos, digamos que un invierno más crudo. Si bien es cierto que, mirando por mi mala salud, hace un frío suficiente para no congelarme la razón, pero sí tranquilizarme el alma y calmarme  el corazón.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Adiós para siempre a un amigo

Se me ha muerto el iPod. Estaba apunto de cumplir ocho años. Con lo bonito que era (y es, porque se puede ver físicamente, pero no funciona). Tan blanco. Tan grueso, comparado con los nuevos. Con su interfaz tan en blanco y negro, es de la segunda generación ( lo compré en 2005). Con sus 20 Gb, que eran la bomba en su momento. Con su rueda táctil, que era el acabose, para moverte por los menús y elegir canciones. Con esos 290 euros que me costó. Y ahora, no tengo nada. Solo un bloque que no funciona. No va para adelante ni para atrás. 

¡Pero si estaba bien! El tío daba candela todos los días con los podcasts de inglés y lo llevaba siempre que me movía; incluso lo estaba usando ahora mucho mientras trabajaba. Igual fue ése el problema. Allí fue donde se murió, justo estaba para irme y se quedó como bloqueado. Fui a reiniciarlo y se apagó para siempre... Snif, Snif. Darle tralla en el trabajo con la humedad que hay en Vancouver; pasando del frío de la calle al calor de la calefacción que tenemos dentro: demasiados cambios de temperatura para su edad. No sé. 

Y ahora tendré que buscarle sustituto, porque algo me hace falta usar. La BlackBerry no la contemplo, además de que no tiene mucho espacio para meter música y no puedo cambiar canciones sin tener que sacarla del bolsillo. Y para lo que más me hace falta es para correr, sobre todo para eso. La música me es indispensable. Pero además que se de fácil manejo cuando estoy corriendo, tiene que hacerme la vida fácil.

Pero claro, ahora está el dilema. Justo ahora han salido nuevas generaciones de estos cacharros. La quinta generación del iPod Touch, la séptima del iPod Nano y ahí queda el iPod Classic: lo más parecido al mío. El problema que le veo, que ya que tengo que comprar uno, me viene mejor buscar ligereza y pequeño tamaño, porque tampoco me hacen falta los 160 Gb de éste y los 16 Gb del Nano son más que suficientes. Pero el manejo no me convence, con la rueda sabía situarme y podía cambiar de canción sin problema. Ahora, con las pantallas táctiles, estoy perdido. En principio está diseñado para usarlo mientras corres, pero no sé, debería probarlo y testarlo bien antes. 

Y luego está el dinero. Siempre el dinero. 150 ó 250 $. Dentro de tres semanas iré a Seattle, bendita coincidencia, y allí todo es más barato, por que no se le aplica impuesto de IVA: o eso dicen. Veremos a ver. Pero de momento, ya me han dado el día que diciéndome que no se puede arreglar, o eso entendí. Porque lo que más repetía el gacho de la tienda de Apple era "honestly". Maldita honestidad.

PD: si alguien puede ayudarme a revivirlo o quiere vender uno que no usa pero que está bien, estoy dispuesto a escucharlo/a.

sábado, 27 de octubre de 2012

¿Para dónde va España, don Mariano?

Casi llegando al primer cumpleaños del gobierno reinante, la cosa está igual que antes. O no se han dado cuenta, o no quieren hacerlo; la cuestión es que tenemos ante nosotros la gran oportunidad: es el momento de la gran revolución, pero la estamos desaprovechando. Es ahora cuando podemos renovar el sistema, cambiar los engranajes de la maquinaria, innovar y desarrollarnos para convertir España en una potencial real, sustentable, sostenible y con aspiraciones más allá del ladrillo y la especulación. En cambio, el gobierno de la gaviota ha gastado un año enfocándose en los problemas de financiación estatal y la banca, exclusivamente. Todo eso está muy bien y es básico y primordial, pero ¿qué hay de la re-activación de la economía española? Porque las subidas de impuestos no la favorecen, al igual que la subida del IVA. 

Desde Vancouver, siguiendo los diarios digitales, solo sé que el señor presidente y su corte de ministros van mucho por Europa y el mundo entero, tocando la guitarra y la flauta travesera. Dando abrazos a diestro y siniestro, regalando sonrisas por doquiera que van y apretando manos en todos esos ágapes a los que asisten y que sé muy bien quiénes los pagan. Diciendo aquello de: "Están muy satisfechos con las políticas que estamos aplicando", "tenemos el apoyo de tal organismo", "...el beneplácito de la señora Merkel", etc. ¿Pero qué pasa de fronteras para adentro, don Mariano? Pues pasa que seguimos en las mismas. Todavía estoy esperando que se pongan en práctica las iniciativas para crear empleo, para favorecer la creación de nuevas empresas, para impulsar a los autónomos y las PYMES (el gran músculo de la economía española), para mejorar la investigación y el desarrollo; todo eso que sigo echando en falta después de un año en que ustedes, los del PP, que forman gobierno con mayoría absoluta y amplia, que no tienen que llorarles a los nacionalistas del PNV o de CIU dándoles lo que pidan por sus bocas de independentistas, para sacarles un puñado de votos y poder así llevar adelante las propuestas. Todo eso que curiosamente coincide con lo que pregonaban cuando estaban del otro lado, el de la oposición, y exigían al gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero día sí y día también. Todo eso que parece que lo han olvidado desde que ganaron las últimas elecciones. Todo eso que todavía están esperando los cerca de diez millones de españoles que les votaron y los que no lo hicieron, porque no son de su ideología, pero se quedaron en sus casas y esperan que, al menos ustedes, ya que los suyos no lo hicieron, puedan sacarnos de ésta. Todo eso que es tan necesario para España y todos los españoles y que es su responsabilidad, porque para eso están ahí y para eso les estamos pagando.

No sé dónde está la ley para fomentar la creación de nuevos PYMES que iba a salir la primavera pasada. No sé si todos los organismos públicos han pagado las deudas que tenían contraídas con infinidad de empresas que hicieron su trabajo. Tampoco si están intentando en solucionar el tema educativo para impedir que tengamos la peor generación de la historia (la generación Ni-Ni) teniendo los mejores medios hasta ahora, aparte de "españolizar" a los niños catalanes. Igual deberían dar un empujón a la investigación, al desarrollo y a la innovación (I+D+i) como jamás se ha visto hasta ahora. A esto lo podemos llamar I+D+E+i+e: Investigación + Desarrollo + Educación + innovación + emprendimiento. Igual deberíamos meternos de lleno en las energía renovables y la economía verde, pero no dando millones de euros sin ton ni son, trabajando en ello de verdad; creando una línea de desarrollo que pueda hacernos despuntar en esta materia; no hay más que pasarse por la plataforma solar de Tabernas (Almería) y ver que podemos ser potencia mundial en energía solar. 

Porque don Mariano, todo esto se transforma en creación de empleo, que significa que tiene menos gasto en la prestación por desempleo (más dinero para el gobierno); que cada empleado pagará sus impuestos de su salario (más dinero para el gobierno); cada empleado comprará más, gastará más y todo lleva su IVA (más dinero para el gobierno). Todo lo que lleva a la re-activación de la economía española y que lleva aparejado mucho dinero para el gobierno. Puesto que parece que todo lo que le importa ahora es la financiación estatal, aquí le he planteado una solución para conseguir una muy buena recaudación con la felicidad de los ciudadanos pintada en sus rostros. Lo que está haciendo hasta ahora, don Mariano, es pan para hoy y hambre para mañana, porque no podrá subir los impuestos indefinidamente, ni los españoles pagar hasta que se queden sin un céntimo.  

Y si lo que importa también es recortar, recorte de verdad. Sin miedo. Coja la tijera y a dar tijeretazos. Reduzca el organigrama político español como es debido. La señora vicepresidenta del gobierno, doña María Soraya Saénz de Santa María Antón, salió ayer, contentísima de conocerse, declarando que van a dar de plazo hasta junio de 2013 para auditar todas las administraciones públicas, pasando por las empresas públicas, por supuesto. Me pregunto por qué hay que esperar tanto. ¿No se pudo hacer en cuanto llegaron al gobierno? ¿No se pudo hacer en el primer semestre de 2012? ¿Qué pasará con los ayuntamientos, diputaciones, delegaciones, subdelegaciones, comunidades autónomas y todo la corte y asesores que llevan aparejados todos estos? Si se hubiera reducido todo eso de verdad, no tendrían que haber subido el IVA al 21% ni muchas otras cosas más que están ahogando a la ciudadanía. Para junio del año que viene tendrán, previsiblemente, los datos y entre que los valoran y no, se pasa el verano. Para cuando decidan hacer algo, se ha ido el año, pero el tiempo se acaba. Para entonces se habrá pasado media legislatura: una espera demasiado larga teniendo en cuenta cómo estamos. ¿O me va a decir usted que van a quitar a todos la gente que sobra, que los han puesto ustedes a dedo, a la gran mayoría? Si todo lo que sobran son políticos. No me tome por tonto. 

Podría seguir, pero no es cuestión de ponerme a desarbolar el sistema económico-político-social español; porque no quiero, porque no puedo y porque no sabría, de querer hacerlo. Al menos, he podido descargarme y si alguien está de acuerdo o desacuerdo, lo puede comentar abajo.

Firmado: un indignado que, en lugar de acampar durante semanas con una pancarta o hacer manifestaciones que no llevan a nada, se ha cogido las maletas, se ha largado a otro país con la intención de volver, más pronto que tarde, habiendo aprendido algo que le pueda ayudar para aportar su grano de arena para que España logre situarse donde se merece por potencial, por capacidad y por historia.

miércoles, 24 de octubre de 2012

España y las elecciones gallegas y vascas.

Me cansa y, cuando digo que me cansa, es que me cansa mucho. Seguimos anclados en la Guerra Civil Española, en las dos Españas, en los buenos y en los malos, en los republicanos y en los nacionales, en el tu abuelo mató a mi abuelo. ¿Cuándo vamos a terminar con tanta tontería?

Las protestas, las manifestaciones y demás revuelos que se organizan en contra del gobierno, me da en la nariz, que son más bien en contra del Partido Popular, que es quien está en el gobierno. Lo que quiere decir, siguiendo este razonamiento, que son movilizaciones de índole político, más que social. Porque, la situación, es la misma que hace un año (más o menos), pero con el anterior gobierno, las masas estaban bastante más calmadas. Y yo, con las de índole político, no me caso. Ni de coña. Seguramente que el gobierno, nuestro gobierno, el del PP, se merece todas las manifestaciones que sufre, y más. Pero entonces, el anterior, el  del Partido Socialista Obrero Español, también se las merecía, de igual manera. A lo que vengo a decir, es que aquí, siempre se mueven los mismos unos contra los mismos otros: hagan lo que hagan los últimos.

Con las últimas elecciones lo he vuelto a ver. Después de que Alberto Núñez Feijó haya aumentado su mayoría absoluta para gobernar en la Junta de Galicia, las armas han vuelto a dispararse. Las mismas armas contra las mismas dianas. No tengo ni idea de lo que hace Feijó en Galicia; de si lo hace bien o lo hace mal. Y maldita sea lo que me importa. Realmente, me da igual quien presida a los gallegos, mientras no me toque las narices; pero ha faltado tiempo para que se levante la gente a preguntarse qué tienen los gallegos en la cabeza para votar al PP, el ogro de tres cabezas, con la que está liando en el país. ¿Liando de qué? Don Mariano (nuestro presi de ahora) está haciendo lo que le dicen desde los pirineos para arriba (Merkel y Asociados) y desde el cabo de Finisterre hasta más p'allá del Atlántico (Obama y el FMI): sin más ni más. Y da igual quien esté en la Moncloa: Mariano, José Luis, Alfredo, Chacón o su prima la del puerto. Y a los gallegos, déjenmelos tranquilos, porque si tan mal lo hace el PP allí, ya salió la alternativa con PSOE y BNG teniendo a Pérez Touriño a la cabeza y aquello terminó en escándalo, cayéndole otra vez la pelota a los azules de la gaviota. Y aquí están ahora con más mayorías absolutas. Así que si le preguntan a los gallegos que por qué quieren a los de la bandera azul, seguramente que les dirán que prefieren lo malo conocido que lo bueno por conocer, que ya cambiaron una vez (a la bandera roja) y el príncipe del cuento les salió rana.

Pero lo más gracioso de estas elecciones y de nuestra actualidad más actual, es que da igual lo que pase en nuestra bendita tierra. La pelea siempre es entre los azules y los rojos, entre los de la rosa en el puño y los de la gaviota feliz; lo demás no se mira, porque es otra guerra que no nos importa. Pues a mí si me importa. A mí si me jode que un partido político formado por gente que admite, tolera, apoya, financia y forma parte de una banda terrorista, que lleva asolando y masacrando a la sociedad española durante casi cincuenta años (lo de la renuncia definitiva a la lucha armada todavía está por ver) tenga cada vez más votantes y más representación parlamentaria. Que por si alguien todavía no se ha enterado, eso significa que más dinero de los impuestos que todos pagamos, va para ellos. Así es, queridos míos. Tan claro como el agua.

Esto es lo que hay que preguntarse después de estas elecciones: ¿Por qué cojones están los terroristas en un parlamento? ¿Por qué carajo los terroristas pueden formar un partido político y reírse de todo el mundo después de haber matado a 829 personas? ¿Por qué hay gente que vota a terroristas o la gente que los cobija? No tanto que cómo es posible que haya salido el PP o el PSOE, tanto monta, monta tanto. Porque con cambios o sin ellos, España sigue sin levantar cabeza.

Y por cierto, que frío hará en VancouBer, que he salido a tirar la basura y cuando he entrado se me han empeñado las gafas.

domingo, 14 de octubre de 2012

Las compañías aéreas, los buscadores y sus estúpidas políticas

¿No os pasa como a mí, que os preguntáis, una y otra vez, por qué las políticas de las compañías aéreas son distintas a la de cualquier otro medio de transporte? O más claro, ¿no os jode que compráis un billete de avión y luego no podéis cambiarlo, cancelarlo o cedérselo a alguien? Pero, ¿por qué?

Yo no lo entiendo, pero si compras un billete de autobús, ya sea por Internet, a través de una agencia de viajes o directamente en taquilla, podéis cambiarlo, cancelarlo y recuperar vuestro dinero o cederlo a alguien. Ídem con los billetes de tren. ¿Pero que pasa si compras un billete de avión? Uno: va a tu nombre y no puedes cambiar el titular del vuelo. Dos: si no tienes un DNI o un Pasaporte, no puedes tomar el avión, porque no aceptan ningún otro documento que acredite que tú, eres realmente tú; porque yo que sé, podría ser que tú fueras tu prima la de puerto, y la claro queda feo y no es políticamente correcto. Tres: si lo quieres cambiar, tienes que comprobar que la compañía y la tarifa con la que lo compraste, acepta el cambio (les sale a ello de la misma entrepierna); además de pagar una cantidad X por la operación y abonar la diferencia de precio, si la hubiera (lo normal es que te salga a pagar, porque para eso estamos los siempre estimado clientes, para pagar ). Cuatro: para cancelarlo y recuperar el dinero, tienes que haber pagado anteriormente el correspondiente seguro de cancelación y que la causa por la que solicitas la cancelación, esté debidamente justificada y quede incluida dentro de las cláusulas de dicho seguro que establece y acepta las causas para dicha cancelación (sus cuernos y toda su familia al completo). Total, que es un rollo burocrático para que al final optes por no cancelar nada; porque, a no ser que te estés muriendo o les llores arrodillado con el Cristo de la Misericordia entre tus manos (a modo de Rosario) apretándolo contra tu pecho hasta que sientas que la sangre no circula por esa parte de tu cuerpo y pones cara del gato de Shrek, difícilmente recuperarás tu maldito dinero. Malditas compañías aéreas y maldito el dios que las hizo.

Y luego, para más inri, sucede una cosa, que es que puedes tener la "suerte" de que, justo cuando estás en "tu" web, más feliz que una perdiz, porque vas a comprar un billete que te va a llevar al sitio de tu sueños; cuando has rellenado todos los campos habidos y por haber; cuando has introducido el número de tu tarjeta de crédito, has puesto el CVV, la fecha de caducidad de la tarjeta, la fecha de nacimiento de tu perro, la hora a la que te levantas todas las mañanas para ir a trabajar, la talla de faja que usa tu tía abuela de Valladolid y la cantidad en decigramos de colacao que le echa tu primo a la leche de sus desayunos y estás preparado para aceptar la compra, pinchas el botón Comprar y ¿qué pasa? Pues pasa que te sale un mensaje que te dice: "Los sentimos, pero se ha detectado un problema durante la gestión de su billete electrónico y no se ha podido finalizar la compra con éxito. Contacte con la asistencia al cliente". ¡Su puta madre! ¿Por qué a mí?

Compruebas que no tienes billete porque ningún correo electrónico de la compañía llega a tu buzón de entrada y te das cuenta de que, los muy hijos de la Gran Bretaña, sí que te han hecho el cargo en tu cuenta; eso sí, no está cobrado, solo está retenido. Mother fucker! Tienes que contactar con asistencia al cliente para que te digan que sí, que es verdad, que todo ha sido un lamentable (te vuelves a acordar de sus madres) error y que la causa del problema, es que la compañía aérea ha cambiado el precio del vuelo en el mismo instante en que tú pinchabas el botón de compra. ¡Tócate los cojones, Mari Loli! Y que no te preocupes, que ya ha quedado registrada la incidencia en el sistema y que en el plazo de entre tres y diez días, se desbloqueará la cantidad en tu cuenta bancaria. ¡O no! ¿Quién sabe? Porque aquí, para cobrar somos muy rápidos, pero para devolver, nos cuesta un trabajico... Total, que estás sin billete y sin dinero. 

Por eso, lo mejor, es cogerte tu coche, llenar el depósito de gasolina, echarte un bocadillo de jamón con queso para el camino y kilómetros que te crió. Y respecto a lo del avión, para ir a un sitio lejos... Hay sitios que no conozco cerca de mi casa, cuando me recorra todo lo que me queda cerca, empezaré a ir más lejos. 

domingo, 7 de octubre de 2012

Madrid Nocturno V

Aquella tarde me pasé por El bulevar del Jazz a saludar a Tony. Hacía más de una semana que no paraba por allí y me gusta que Tony me ponga al tanto de las novedades del garito y de cualquier noticia del ambiente nocturno madrileño. Aquella noche volvían, Esperanza y su grupo, a tocar allí, así que había pensado que era una buena ocasión para acercarme por el local. Seguían girando en mi cabeza las imágenes de la última noche en la que compartimos, Esperanza y yo, algo más que nuestro tiempo. Aquel día, yo acababa de dejarlo con mi novia y Esperanza acababa de comprender que aquella noche quería estar conmigo. No sabía cuanto tiempo hacía realmente desde que tuviéramos aquella aventura, pero lo que sí tenía claro, era que, la próxima vez que volviera a verla, le iba a ayudar a calentar sus cuerdas vocales.

Al poco de llegar, se sentó cerca de nosotros un tipo extraño. Era gallego. Saludó a Tony y éste me lo presentó: era el nuevo representante de Esperanza. Alfredo "Freddy" Butarda se lleva un veinticinco por ciento de lo que gana la cantante y alguna propina de su aliento. El tipo tiene ascendencia napolitana, de ahí su facciones italianas y su apellido. Lo supe rápidamente, sobre todo después de que presumiera de sus aventuras con las mujeres. No me gustan los tipos presuntuosos. Este tipo de gente, siempre me ha producido una mezcla amarga entre pena, aversión y benevolencia. La misma sensación que siento cuando, por la calle, me cruzo con el camión de la basura, mientras busco refugiarme de la esperanza y el desaliento y se queda en el ambiente ese olor a putrefacción.

Esperanza llegó tarde y muy abrigada. Debajo del abrigo apareció una camiseta de color fucsia con las letras UK en color dorado a la altura de un pecho a medio camino entre lo divino y lo celestial. Es de esas situaciones en las que te preguntas, si en esta vida, toda esta serie de cosas, no formarán parte realmente de un maldito sueño. La había traído de la parada que hizo su gira por las islas británicas. Nos dijo: "Me queda bien, ¿verdad?" Le respondí afirmativamente con un movimiento de cabeza en el mismo momento en que pensaba: te quedaría genial tirada en el suelo de mi dormitorio. 

Antes de abandonar la barra e ir en busca de mi mesa para disfrutar de la voz de Esperanza, Freddy Butarda dejó caer sobre ella, que él era de los pocos hombres que había podido saborear sus encantos de mujer. Pero lo que Butarda no sabe, es que, en la cama de Esperanza, él no es más que mi telonero.

Habiendo ya acabado la música en directo, departimos la cantante y yo hasta que Tony nos insinuó que era la hora de cierre. Yo iba detrás de ella, mirando como sus piernas subían las escaleras que daban paso a la calle. Le dije que le llamaba un taxi, pero desistí de esa idea cuando Esperanza me cogió la mano y vi en sus ojos un atardecer tórrido y melancólico y la misma expresión en su rostro que la de una niña que busca desesperadamente el consuelo de su madre. Y ocurrió lo que suele suceder entres dos personas adultas que no tienen más ataduras en la vida que las del tiempo que corre en su contra. 


 Antes de irme de la habitación del hotel de la Plaza Santa Ana en el que se hospedaba, me despedí de Esperanza, para siempre, diciendo que volvería mañana. Así que salí de allí bajando la calle que me llevaba a la carrera de San Jerónimo sin mirar atrás y sabiendo que la única forma que tenía de olvidarme de ella era llegando al ocaso de mi vida o desarrollando una mala memoria.

sábado, 6 de octubre de 2012

Apple iPhone 5 vs. Samsung Galaxy S3

Leí un gorjeo en Twitter que rezaba lo siguiente: ¿Qué me recomendáis: iPhone 5, Samsung Galaxy S3 ó que salga a la calle a que me dé el aire?

Es un comentario que creo que invita a la reflexión. Personalmente, creo que la opción de salir a la calle a tomar el aire es la mejor de las tres. Parece que tuviéramos que dejarnos llevar sin más posibilidad alguna, por las última tendencias en cuanto a comunicación se refiere. Celulares táctiles con pantallas cada vez más grandes, más luminosas, más coloridas, más atractivas, más interactivas, más fáciles de usar y ¿más fáciles de romper? Los temibles smartphones (teléfonos listos/inteligentes).

Me contaban que en la tienda de Apple en Vancouver, la gente había acampado para dormir la noche anterior al lanzamiento del nuevo iPhone; cosa que me parece aberrante y desproporcionada. ¿Acaso no puedes comprarlo la semana siguiente o dentro de un mes? ¿Tal es la necesidad de conseguir el nuevo aparato de la casa de la manzana? 

Estamos perdiendo el norte. Whatsapp, Facebook, Twitter y demás aplicaciones en el móvil de las que, cada vez en mayor medida, dependen nuestras vidas (o hacemos que dependan), son herramientas útiles y entretenidas de usar, pero no hasta el punto de vivir para ellas. Se habla de la falta de trato social y del cara a cara. Dejamos de vernos y tocarnos para comunicarnos vía aparatos electrónicos. "Es más barato y puedes estar conectado en tiempo real con todo el mundo" o "si no estas en las redes sociales no eres nadie", son comentarios que se leen y se escuchan a diario. A buen seguro, no les falta razón, pero, ¿hay que estar conectado veinticuatro horas al día? Me produce tremenda pena cuando la gente queda para verse, pero están móvil para arriba y móvil para abajo, hablando con varias personas a la vez, prestando más atención a las conversaciones abiertas en las redes sociales que a las que les ocupa en el sitio donde están y con la gente que les acompaña; cosa que es una terrible falta de respeto y de educación, según mi parecer.

Creo que no se puede estar trabajando o empleándose en hacer cualquier cosa y estar pendiente del último comentario en Facebook, de lo que ha escrito Justin Bieber en Twitter o de la foto que un amigo aburrido te ha mandado de una vieja borracha y desnuda por Whatsapp, al mismo tiempo. Así, ni se trabaja, ni se rinde, ni nada de nada. Y no digamos ya estudiar, por ejemplo. 

Me quedo con esta frase que se le atribuye al genial Albert Einstein: "Temo el día en que la tecnología sobrepase a la Humanidad. Tendremos una generación de idiotas". 

martes, 25 de septiembre de 2012

Madrid Nocturno IV

Hacía tres meses desde que lo había dejado con mi novia y seis desde que me había dejado ella a mí. De Esperanza, solo sabía que estaba haciendo un tour por Europa y que se había quedado embarazada después de darse cuatro besos en un portal con un amigo de la infancia. También me dijo Tony que, anteriormente, Esperanza había estado casada en dos ocasiones, pero que se había divorciado de sus dos maridos porque nunca había querido tener hijos.

Mi vida había entrado en un agujero oscuro del que me empezaba a resultar difícil salir. No era tanto por la gravedad de los problemas o por el número de estos, si no por la desidia que sentía cuando pensaba que algún día tendría que plantearme el buscar soluciones. Llegué a la conclusión, después de cuatro días comiendo algún resto de pizza que quedaba en la nevera y bebiendo varias botellas de vodka, que éstas no me iban a dar ninguna respuesta para cualquiera de mis dudas. En el trabajo me las había arreglado para conseguir un buen puesto y me pagan una buena suma con la condición de que nunca se me ocurriera aparecer por allí. Y yo, como siempre he querido ser un empleado ejemplar, me levanto todos los días muy temprano y lo preparo todo para no ir a trabajar.

Entre tanto, había frecuentado a un par de mujeres de éxito en lo laboral. Estaban bien posicionadas y manejaban más dinero en un mes del que yo había visto junto en los tres últimos años. Para conquistar a una mujer, solo me basta con relatarle todo lo que no tengo, para que ella caiga rendida a mis pies amando todo lo que no soy.

A Silvia la conocí en una calurosa noche de invierno. Hacía tanto calor y me agobiaba tanto la ropa que me las arreglé para ayudarle a desnudarse dentro de su dormitorio. Pero aquello nunca fue bien, no sé porqué razón, y poco después lo dejamos. Aún recuerdo la noche que nos vimos la última vez. Me dijo que, a veces, parecía que no tuviera sentimientos y que no sabía como podía vivir con un corazón tan helado; pero que realmente me dejaba porque decía que, lo que de verdad le molestaba de mí, era que siempre tenía los pies fríos.

Con Lorena fue una historia distinta. Nunca he amado a una mujer de forma tan intensa. A ella le gustaba dormir conmigo y a mí, a mí me gustaba salir de su cama cada mañana. Lorena trabajaba para una importante firma de moda y me propuso que viviéramos juntos en un ático que tenía alquilado mirando al parque del Retiro. Yo no podía soportar vivir entre tanto lujo, aunque tengo que reconocer que se planteaba ante mí una vida muy acomodada y tranquila. Después de mi negativa, Lorena volvió a Buenos Aires con su marido.

Ahora y de momento, mi vida la malgasto esperando al autobús, sabiendo que, para las mujeres, solo empiezas a ser interesante cuando ellas pueden leer en tu piel la historia de tu vida.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Vancouver se escribe con B de Ber: VancouBer

Hace tres meses que puse los pies en Vancouver. La primera vez que cruzaba el charco y, por ende, que visitaba Canadá.
A menudo, sucede con las cosas buenas, que son mejores cuando se les cambia la forma de escribirlas para tratarlas como si fueran más nuestras. En este caso, se le da un toque "hayqueBeriano". Locuciones como hay que ver/Ber o ver/Ber para creer. Y cosas siempre esperadas y deseadas como pueden ser el Berano o la primaBera. Es curioso que otoño e invierno, estaciones nunca muy apeticibles, no son susceptibles de modificar su escritura. Solo lo realmente bueno y fresco "really nice and cool" (esto es un homenaje a mi estimada Leti) se deja transformar. Y coincidiencia o no, con Vancouver pasa lo mismo.

Y aprovechando que Vancouver es cada vez más mío, porque me voy haciendo poco a poco con la ciudad, y que es el aniversario de mi llegada, voy a dar una vuelta y hacer un recopilación de lo que han dado de sí estos tres meses en esta, a veces, extraña ciudad.

Llegué el 23 de junio después de nueve tortuosas horas en el avión que me traía directo desde el aeropuerto London Heathrow. Única y "corta" parada que hacía desde Madrid y, a buen seguro, mejor que la que se suele hacer de más de doce horas en Franckfurt, por poner un ejemplo. El tiempo se presumía cálido y agradable, pero cambió nada más poner los pies fuera del aeropuerto.

Las primeras semanas de mi estancia aquí fueron con la familia Bevacqua en su casa de Springer avenue. Los horarios de las comidas y la poca chicha de los lunchs (almuerzos, que son a las doce de la mañana y que para mí son desayunos de media mañana) me producían una mezcla de hambre y tristeza. Hambre porque, a las doce, me rugían hasta los más interno de mi ser y triste era la espera hasta la cena de las 6,30 de la tarde. Después de esto, intentaba sobrevivir con galletas y cualquier tipo de cosa que me alimentara y no necesitara de conservación en frío en mi habitación, para poder esperar al desayuno del día siguiente. Durante estas seis semanas iba a diario a pasar casi ocho horas metido en la academia de inglés. Allí había y hay, gente de todo el mundo; la mayoría: asiáticos de ojos rasgados. ¿Aprendí inglés allí? Pues un poco sí, pero pensé que aprendería más. Después me ha confesado una de mis profesoras que, en realidad, no se aprende demasiado en las escuelas de idiomas y que, donde realmente se aprende, es en la calle con el día a día. Supongo que cuando no sabes ni papa de inglés, está bien la academia, pero cuando necesitas fluidez y oído, no es lo más recomendable. Una cosa buena que tiene es que conoces a mucha gente y haces amigos rápidamente.


Después de eso y, justo de seguido, empecé a trabajar con el padre de mi familia de acogida. El tipo en cuestión es albañil; pero aquí, los albañiles, solo ponen suelos y alicatan paredes. Aquí todo va en madera: desde la estructura hasta las paredes, que son de cartón yeso. Necesitaba un peón y yo me ofrecí voluntario. De momento se está bien trabajando con él y con su hijo. Hay buen ambiente y mi inglés ha mejorado considerablemente. Mi idea del trabajo era para mantenerme lo que quedaba de verano mientras seguía practicando mi inglés, pero creo que me voy a quedar de momento durante un tiempo indeterminado. Así que, el asiento que tenía reservado para volver el 30 de septiembre, se quedará vacío en su viaje de retorno.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El primer verano fuera de España

Este verano no he pisado las playas españolas. Así es. Y es que este año he pasado mi primer verano fuera de España. Salí de Madrid el mismo día que se acaba la primavera y comenzaba la época estival. De hecho, me pilló el cambio, en el mismo aeropuerto de Barajas, durmiendo en un banco, con una postura poco ortodoxa, esperando a que abrieran la puerta de embarque. Y eso me duele. No lo de dormir en el banco, que tampoco es que doliera demasiado, pero sí que era incómodo. Aunque sí que se me suele agarrar un profundo y molesto dolor en el cuello cuando viajo durante muchas horas y, en este caso, me duró bastante tiempo. Me duele no haber disfrutado de la playa, del sol, del Mediterráneo, de los fresquitos en los bares, de conducir en verano con las ventanas abiertas, de estar horas y horas jugando a la palas en la orilla como si se me fuera la vida en ello, de quedar con los amigos, de correr por el paseo, de salir con la bicicleta, de ese verano tan español, tan andaluz y tan almeriense.

Todo eso lo sufro a diario, pero hoy con más fuerza; y es que he visto el anuncio de Estrella Damm de este verano. Sí, cuando ya se termina; pero más vale tarde que nunca. Y me he dado perfecta cuenta de lo que me he estado perdiendo. Me he acordado de las playas del levante almeriense: del Cabo de Gata, de Las Negras, de El Playazo, de la cala de San Pedro; y quería estar ahí, no en Vancouver. En Vancouver hay playas. No están mal, pero el agua está un poco fría y está sucia, o turbia, o yo qué sé que tiene, pero no apetece bañarse. Solo apetece tomar el sol, echarte un rato. Al mediodía. Y no hasta más tarde de las seis de la tarde, porque empieza a refrescar. Y eso es una mierda. A mí me gusta llegar a la playa, tirarme en la toalla e ir dándome chapuzones de vez en cuando para refrescarme y quitarme ese calor que tengo ("que guapo soy y que tipo tengo..."). Hasta echo de menos a los críos jugando a la pelota y tirándote arena a su paso. Aquí no hay familias con las sombrillas, ¿para qué? Para un rato de sol que hay, tienen que aprovecharlo. Pero, por no haber, no hay ni familias. No hay calvos barrigudos con la espalda peluda comiendo tortilla de patatas, haciendo barbacoa a las ocho de la tarde o sentados en la hamaca al  lado de la mujer y la suegra y gritándole a los críos que no se metan muy adentro. Aquí el rollo es totalmente distinto.  Hay grupos de amigos jóvenes y parejas tatuados hasta en donde no da el sol o jugando al voley playa, pero no es el ambiente que a mí me gusta. Igual para algún día, pero no para todos.

Aunque tampoco es tan malo. Ya he disfrutado las playas españolas durante 26 veranos y como se suele decir, hay que ver más cosas y descubrir otros sitios. Y por un verano, no se muere nadie. Pero pensando que tocará un otoño e invierno de mierda: nublado continuo y lloviendo a diario, se te viene a la mente todo el tiempo que debería haber estado en España y haber visitado y descubierto playas en Huelva o en Cádiz o en Mallorca o en Ibiza o en las Canarias o haber cogido el coche y haber gastado fines de semana tirado en las calas de Almería con los amigos. Y sí, hay que estar fuera o hay que perderse algo para darse cuenta de que lo quieres. De que durante 27 años no he tenido mucho impulso por ir a las Baleares o a las Canarias, paraísos naturales donde los haya, hasta que me he ido a 14000 km de ellas. Ahora quiero ir. Querría estar allí ahora mismo. Y me gustaría ir en cuanto vuelva. Viajar por todos lados. Visitar a mis amigos repartidos por Europa, pero sobretodo por España. Se echa mucho de menos España cuando estás tan lejos y no puedes ir con frecuencia. No pienso estar más tiempo parado. Quiero viajar, conocer a gente de todo el mundo, conocer lugares y ciudades. Ahora soy capaz de entender a un angloparlante (más o menos) y soy capaz de comunicarme, así que ya he roto esa barrera que me impedía salir de la burbuja en la que creo que estamos inmersos todos los españoles. Hay que derribar las fronteras y pensar que todo es uno. 

Algo está cambiando en mi cabeza. Lo sé. Estoy empezando a ver la vida de una forma distinta. Estar en otro continente te hace ver las cosas de distinta manera y, el estilo de vida de aquí, se va apoderando de ti poco a poco. Sin que te des cuenta. Hay que disfrutar la vida y moverse: vivir. En lo más extenso de la palabra. A partir de ahora voy a convertirme en un vividor. Quiero ser un vividor. Pero no os asustéis, no he perdido la cabeza. No voy a convertirme en un loco derrochador que estará, previsiblemente, pidiendo en la calle dentro de pocos meses. Me refiero a disfrutar de la vida, de todo lo que nos da. De no pensar en el qué dirán o en seguir reglas no escritas que la gente sigue sin saber porqué. Un vividor, que no un juerguista. Un bohemio, que no perro-flauta. Un sibarita, que no un snob. Un aventurero, que no un filibustero. Un soñador, que no un iluso. Un truhán, que no un crápula. Un vanguardista, que no moderno ni un popero. 

En Vancouver puedes ser eso y lo que tú quieras ser. Aquí nadie te conoce y nadie te dice por qué haces esto o por qué haces lo otro. La gente no te mira con extrañeza, desprecio o curiosidad; simplemente, no te mira. Vives a tu aire y eso me gusta, eso está bien. Aquí hay una fauna muy diversa y pintoresca y nada es extraño ni raro. La gente es deportista, saludable y respetuosa. Y todo eso va haciendo mella en ti día tras día, sin que tú lo notes, pero ahí está. Miedo me da cuando vuelva a España. No sé cómo reaccionaré, no sé como actuaré. Supongo que seré natural, me comportaré como sienta en cada momento y me dejaré llevar por la madurez que me otorguen mis vivencias y mi experiencia. Haré lo que me dé la gana. Igual me pinto el pelo de colores o me hago un tatuaje que me llegue desde la frente hasta los pies o me compro un muscle car para pasear por las playas o me voy a vivir a un cabaña en la montaña o vivo vendiendo collares en Ibiza. ¡Qué se yo! Como dice un filósofo de la calle: "¿Mi vida? No sé qué es mi vida. No sé si voy a ser borracho, furbolista, alcohólico, abogado, caballeros (de montar a caballo)... Yo no sé lo que es mi vida. Yo sé lo que hago y lo que digo, pero mi vida aún no me la sé"

Y para los de la Diada: ¡Viva España, cabrones!